
Marionetas
La crisis que nos acecha se ceba, como siempre, en los más débiles. Así lo acredita en su informe anual la ONG vinculada a la Iglesia Cáritas. Todos sabemos que Cáritas es una de las organizaciones humanitarias que más prestigio tiene. No hace falta ser un lumbreras para reconocer su labor y mérito: mayoritariamente compuesta de vuluntarias (digo voluntarias porque en las Parroquias suelen ser mujeres las que prestan este servicio) realizan una labor callada pero muy importante.
Por eso, cuando afirman que han atendido a 6.899 «de las que 2.650 nunca habían necesitado de Cáritas» es un indicador de que la cosa pinta mal. Es el momento de darse de alta y colaborar económicamente con Cáritas (si preferís alguna organización laica también vale). Ahora es la hora de demostrar que cuando las cosas van mal somos los Asturianos diferentes: hay que echar el resto y rascarnos el bolsillo.
Nota: detrás de cada persona hay intereses ocultos. Todos tenemos algo escondido y yo, como todos, tengo lo mío canta Pedro Guerra. En esta ocasión mi negocio oculto es que mi cuñada trabaja como limpiadora en Cáritas y como la cosa está tan jodida, corre el riesgo de perder su trabajo. ¿Cambian mis palabras vuestra percepción de Cáritas o pensáis que os estoy engañando por puro interés personal?
La foto: Todos somos marionetas. Lo importante es saber quién nos manipula y decidir si entramos en el juego. Por lo menos ser conscientes de nuestro control exterior. Me contaron la anécdota de un cura que no paraba de pedir dinero a su obispo para arreglar su parroquia. El ecónomo episcopal le tachaba de mentiroso en sus reuniones con el obispo: pedía más dinero del que necesitaba. El obispo firmó y la pasta llegó al cura pedigüeño: hay que saber cuándo dejarse engañar.
